En baloncesto, no todos los jugadores pueden estar en pista al mismo tiempo.

Cinco juegan.

El resto espera su momento.

Y precisamente ahí aparece una de las partes más difíciles —y más importantes— de formar parte de un equipo: aprender a seguir aportando cuando no estamos jugando.

Estar en el banquillo no significa dejar de formar parte del partido.

No significa desconectar.

No significa que nuestro papel haya terminado.

Un equipo necesita también a quienes están fuera de la pista.

El banquillo también juega

Aunque no aparezca en las estadísticas, un banquillo conectado puede cambiar completamente la energía de un partido.

Desde allí podemos:

  • Animar.
  • Comunicar.
  • Avisar de situaciones defensivas.
  • Celebrar las buenas acciones.
  • Levantar a un compañero después de un error.
  • Escuchar las indicaciones del entrenador.
  • Observar lo que está sucediendo.
  • Prepararnos para entrar.

Todo suma.

Cuando los jugadores del banquillo están implicados, los cinco que están jugando sienten que no compiten solos.

No siempre tendremos los minutos que queremos

Probablemente todos los jugadores quieran jugar más.

Es normal.

Queremos competir.

Queremos demostrar.

Queremos ayudar al equipo.

Pero formar parte de un deporte colectivo significa aceptar que habrá días diferentes.

Partidos en los que jugaremos mucho.

Otros en los que tendremos menos minutos.

Y quizá alguno en el que apenas participemos.

La frustración puede aparecer.

Lo importante es qué hacemos con ella.

Podemos estar enfadados y seguir ayudando

Aceptar un rol no significa que tenga que gustarnos.

Un jugador puede sentirse decepcionado por jugar menos de lo que esperaba.

Eso es legítimo.

Pero existe una diferencia entre sentir frustración y convertir esa frustración en una actitud que perjudique al equipo.

Cruzar los brazos.

Dejar de animar.

No escuchar.

Mostrar continuamente enfado.

Desconectarse.

Estas conductas no ayudan a conseguir más minutos.

Y tampoco ayudan al equipo.

Podemos querer jugar más y, al mismo tiempo, mantener una actitud responsable.

Cuando llegue tu oportunidad, tienes que estar preparado

Los partidos cambian rápidamente.

Una lesión.

Una falta.

Un cambio defensivo.

Un compañero cansado.

Una decisión táctica.

Y de repente el entrenador nos llama.

Si llevamos diez minutos desconectados, probablemente tardemos en entrar mentalmente en el partido.

Por eso, mientras estamos en el banquillo podemos observar:

  • ¿Cómo está defendiendo el rival?
  • ¿Dónde aparecen los espacios?
  • ¿Quién está anotando?
  • ¿Qué pide el entrenador?
  • ¿Qué errores estamos cometiendo?
  • ¿Qué puedo aportar cuando entre?

El partido también puede aprenderse desde fuera.

El jugador que entra puede cambiar el partido

No siempre hace falta anotar veinte puntos.

A veces un jugador entra durante cinco minutos y cambia completamente la dinámica.

Una buena defensa.

Dos rebotes.

Una recuperación.

Un pase extra.

Una carrera en contraataque.

Una acción de energía.

Eso también es impacto.

El valor de un jugador no depende únicamente de cuántos minutos juega.

También depende de qué hace con los minutos que tiene.

Los roles cambian durante la temporada

El papel de un jugador en septiembre puede ser muy diferente en febrero.

Los equipos evolucionan.

Los jugadores mejoran.

Aparecen lesiones.

Cambian las necesidades.

Alguien que empieza jugando pocos minutos puede convertirse después en una pieza importante.

Por eso es fundamental seguir entrenando.

El banquillo no debería convertirse en una sentencia.

Puede ser una etapa dentro del proceso.

¿Quieres jugar más? Trabaja

Cuando un jugador quiere aumentar su protagonismo, existe una respuesta mucho más útil que enfadarse:

entrenar mejor.

Podemos preguntarnos:

¿Qué necesita el equipo?

¿Qué está pidiendo el entrenador?

¿Qué puedo mejorar?

¿Defiendo suficientemente bien?

¿Pierdo demasiados balones?

¿Estoy tomando buenas decisiones?

¿Entreno con intensidad?

¿Soy constante?

El objetivo debería ser convertirse en un jugador difícil de dejar fuera.

Y eso se consigue trabajando.

El entrenador también debe gestionar los roles

Gestionar un banquillo no siempre es sencillo.

Cada jugador tiene expectativas.

Cada uno quiere participar.

Y cada partido plantea necesidades diferentes.

Los entrenadores deben intentar comunicar con claridad.

Especialmente cuando un jugador está teniendo poca participación.

Explicar.

Escuchar.

Corregir.

Dar herramientas para mejorar.

No siempre será posible repartir exactamente los mismos minutos.

Pero sí debería existir respeto hacia todos los jugadores.

Los compañeros también tienen responsabilidad

Un equipo fuerte no divide a los jugadores entre “los importantes” y “los que juegan menos”.

Todos forman parte del grupo.

Por eso debemos evitar:

  • Burlas.
  • Comparaciones constantes.
  • Crear grupos según los minutos.
  • Menospreciar el trabajo de otros compañeros.
  • Celebrar únicamente a quienes anotan.

Un compañero que hoy juega cinco minutos puede ser quien mañana necesitemos para ganar un partido.

El respeto no debería depender del tiempo de juego.

El banquillo demuestra la cultura de un equipo

Hay una imagen que dice mucho sobre cualquier equipo.

Mirar su banquillo cuando las cosas van mal.

Cuando el rival consigue una ventaja.

Cuando alguien falla.

Cuando el partido se complica.

¿Se ayudan?

¿Se animan?

¿Siguen conectados?

¿O cada uno está pensando únicamente en sí mismo?

Los equipos realmente unidos suelen mostrarlo precisamente en esos momentos.

Animar no significa hacer ruido sin sentido

Un buen banquillo no consiste únicamente en gritar.

También significa comunicar de forma útil.

Avisar de un bloqueo.

Recordar una marca.

Celebrar una buena defensa.

Animar después de un error.

Ayudar a mantener la concentración.

La energía debe ayudar a quienes están jugando.

El partido también se gana en los entrenamientos

Aceptar un papel dentro del equipo resulta más fácil cuando entendemos que los minutos del partido son solamente una parte del proceso.

Durante la semana todos entrenamos.

Todos ayudamos a preparar al equipo.

Todos defendemos.

Todos atacamos.

Todos obligamos a nuestros compañeros a mejorar.

Incluso quien juega poco durante el fin de semana puede estar teniendo una influencia enorme sobre el crecimiento del grupo.

En deporte base, el proceso importa especialmente

En categorías de formación, los jugadores todavía están aprendiendo.

Su desarrollo no puede medirse únicamente por los minutos de un partido.

Cada jugador tiene un ritmo diferente.

Algunos evolucionan antes.

Otros necesitan más tiempo.

Un jugador que actualmente tiene dificultades puede dar un salto enorme meses después.

Por eso es importante mantener la confianza y seguir trabajando.

El papel de las familias

También desde la grada se puede ayudar.

Después del partido, si un hijo ha jugado poco, es comprensible que exista frustración.

Pero convertir inmediatamente esa sensación en críticas hacia el entrenador o hacia otros jugadores puede aumentar el problema.

Antes podemos preguntar:

¿Cómo te has sentido?

¿Qué te ha dicho el entrenador?

¿Qué puedes trabajar esta semana?

¿Cómo puedes seguir ayudando al equipo?

Acompañar no significa negar la frustración.

Significa ayudar a transformarla en crecimiento.

El verdadero compañero aparece cuando no es protagonista

Es fácil animar cuando estamos jugando mucho.

Es fácil estar feliz cuando anotamos.

Es fácil sentirse parte del equipo cuando las cosas salen como queremos.

Pero hay otra pregunta:

¿Qué clase de compañero soy cuando no soy protagonista?

Ahí aparece una parte importante del carácter deportivo.

Cinco juegan. Todos compiten.

Un equipo no termina en los cinco jugadores que están sobre la pista.

Está formado por todos.

Por quienes juegan.

Por quienes esperan.

Por quienes animan.

Por quienes están preparados para entrar.

Por quienes entrenan durante la semana para hacer mejor al compañero.

Todos tienen una responsabilidad.

En el Club Baloncesto San Blas, todos forman parte del equipo

En el Club Baloncesto San Blas queremos jugadores que deseen competir, mejorar y ganar minutos.

Esa ambición es positiva.

Pero también queremos jugadores capaces de entender que el baloncesto es colectivo.

Habrá momentos para ser protagonista.

Y otros para ayudar a que lo sea un compañero.

Ambas cosas forman parte del juego.

Porque un verdadero equipo no se construye únicamente con cinco jugadores.

Se construye con todos.

Club Baloncesto San Blas
Somos barrio. Somos equipo. Somos baloncesto.